La gente con mi don, que no es tan poco común como podría creerse, al parecer es más propensa a sufrir las consecuencias del sentido del humor tan retorcido que tiene el destino, pero aún así no me esperaba ser víctima de semejante broma.
De entrada podrías suponer que es imposible tomar por sorpresa a alguien capaz de ver el futuro, que al saber lo que va a suceder puede anticiparse y actuar en consecuencia, como si tuviera las preguntas del examen semanas antes de que lo aplicaran ¿Verdad?...pero eso, al menos en mi experiencia,es completamente falso, no conozco a nadie que sepa absolutamente todo lo que va a suceder en todo momento, de hecho, acabo de comprobar que vemos sólo lo que quieren que mostrarnos, lo necesario para fastidiarnos, ni más ni menos.
Para ilustrar mejor mi punto necesito contarte una historia, pero ¿Cómo debería empezar a contarla? Siempre he sabido que va a terminar conmigo tirada en un charco de sangre a pocos metros de mi casa, pero no estoy muy segura de cómo o cuándo empezó, así que supongo que voy a tener que retroceder varios años.
Si no mal recuerdo tenía 5 años cuando mi abuelo me dijo que se sentía terriblemente culpable por haberme heredado esta “maldición”,como él lo llamó, ya que había visto que me causaría un sufrimiento que no le desearía a nadie, mucho menos a su nieta.
La profecía era tan poco específica y yo tan joven, que no le di mayor importancia, a pesar de que se mantuvo presente en algún rincón de mi mente a lo largo de los años.
Conforme fui creciendo, aparecieron pequeños vistazos de momentos que aún no habían sucedido, al principio sólo en mis sueños, después a cualquier hora. De cualquier firma, la gran mayoría de ellos eran irrelevantes, así que la clarividencia no afectó realmente mi vida, hasta que a los 16 años me vi siendo asesinada.
Mi apariencia era exactamente la misma, es decir, no me veía mayor, así que supe que me quedaba poco tiempo, dos o tres años cuando mucho.
En un principio estaba confundida, no entendía cómo podría sucederme algo así, hice todo lo que pude para demostrar que había algo mal con mi don, que mis visiones no eran tan exactas como las de mi abuelo o que había confundido una pesadilla con una premonición, pero al poco tiempo me di cuenta de que no tenía caso intentar mentirme a mí misma, sabía lo que había visto y sabía que era inevitable.
Aunque admitir una realidad no quiere decir que la aceptes, antes de resignarme pase un largo tiempo odiando todo y a todos: Al mundo, a Dios, al destino, a la vida… incluso a mi abuelo por haberme heredado esa maldición, a pesar de que no lo había hecho intencionalmente y de que en realidad no tenía nada que ver con el asesinato, iba a morir lo hubiera visto o no.
Entonces un día me di cuenta de que ahí estaba la clave: Iba a morir, no podía evitarlo o posponerlo, ningún ser humano podía hacer nada cuando le llegaba la hora, pero a diferencia de todas las personas que salían de su casa dando por hecho que iban a volver,al menos yo sabía que mis días estaban contados y no me podía dar el lujo de desperdiciar uno solo.
En esas circunstancias hubiera sido imperdonable seguir viviendo como lo había hecho hasta ese momento, así que tuve que tomar decisiones muy complicadas, entre ellas salirme del plan que mis padres habían trazado para su única hija y empezar lo que me había prometido que haría algún día, después de cumplir con lo que ellos querían.
Dejé el francés y me inscribí a clases de dibujo, empecé a ver tutoriales por mi cuenta y dibujar varias horas todos los días. No me había fijado ningún objetivo específico al no saber con cuanto tiempo contaba para cumplirlo, lo hacía simplemente porque me gustaba y me apetecía hacerlo, pero la verdad es que al paso de varios meses mejoré más de lo que hubiera podido esperar.
Cuando me sentí más o menos segura de mis habilidades, empecé a buscar cosas nuevas para ponerme a prueba como artista nada más para ver qué pasaba y entonces una oportunidad (¿o fue el destino?) se hizo presente en forma de un post en un grupo en facebook para dibujantes e ilustradores.
Se trataba de un joven que había escrito un guión para una historieta y al no saber dibujar, solicitaba la ayuda de los miembros del grupo para darle forma a su sueño.
Yo no me consideraba fanática de los comics, nunca había hecho un proyecto de esa magnitud y no estaba acostumbrada a colaborar con otras personas, pero estaba buscando un reto ¿O no?
Incluso ahora no soy capaz de decir si me arrepiento o no de haberle mandado un mensaje directo para ofrecerle mis manos, pero en cualquier caso él respondió entusiasmado casi de inmediato y empezamos a trabajar sin mayores retrasos.
Era fácil trabajar con él. Era muy específico y muy claro respecto a los temas que le interesaban, como las expresiones de los personajes en ciertas escenas, por ejemplo, y me dejaba tomar las decisiones respecto a todos los demás detalles que no estuvieran involucrados con la trama. Por supuesto que llegamos a tener diferencias, pero sabíamos resolverlas de manera profesional y en general respetabamos el trabajo del otro y aprendimos a tenernos confianza en cuanto al proyecto se refería.
Al principio nuestra única comunicación era por videollamada y prácticamente no hablábamos de asuntos que no tuvieran que ver con la historieta, pero conforme nos acercabamos a los últimos capítulos nuestro trabajo fue adquiriendo popularidad en internet y eso contribuyó para que una editorial finalmente se interesara en la novela que llevaba un rato guardada en su cajón, así que propuso reunirnos en persona para celebrar.
El vínculo que habíamos formado a base de trabajar codo a codo para superar los obstáculos que se nos presentaban y perseguir un objetivo común cambió radicalmente esa tarde.
No tenía un físico destacable ni la seguridad arrolladora que tan atractiva me resultaba en los hombres, pero para mi sorpresa no necesitó ninguna de esas dos cosas para robarme el corazón.
El primer síntoma fue descubrirme sonriendo como idiota ante su reacción cuando tocamos el tema de la futura publicación de su novela, estaba realmente feliz por ello y no se molestaba en tratar de disimularlo.
A pesar de ser usualmente muy callado, estuvo hablando de su trabajo durante al menos cinco minutos ininterrumpidos, pero por alguna razón me pareció encantador e incluso tierno lejos de ser pesado, parecía un niño hablando de su regalo de navidad en vez de un hombre alardeando.
Me pareció tan adorable lo apasionado que era en la búsqueda de sus sueños, la forma tan genuina en la que la emoción se reflejaba en su rostro e iluminaba su mirada y los hoyuelos que se formaban en su rostro cuando sonreía, sobre todo los hoyuelos.
¿Contaría eso como amor a primera vista? Bueno, ya lo había visto muchas veces por videollamada, pero después de verlo por primera vez en persona, no pude quitármelo de la cabeza por el resto de la semana.
No voy a entrar en muchos detalles sobre lo que pasó a continuación, sólo diré que en nuestra siguiente reunión no hablamos de nada relacionado con trabajo y cuando volvimos a vernos en persona, nos besamos por primera vez, después de eso no tardamos mucho en convertirnos en una pareja oficial, a fin de cuentas yo no tenía ni un segundo que perder.
Esa era la primera relación seria que tenía en mi vida y aunque no tenía idea de cómo se suponía que debía hacer o cómo desempeñar el papel de novia, me arrojé a la aventura sin pensarlo demasiado, él, a pesar de ser unos años mayor, no era mucho más experimentado que yo, pero debo decir que aprender juntos tenía su lado divertido.
Por un tiempo todo fue simplemente perfecto, y llegué a creer que si tenía que morir al menos era afortunada de poderme llevar todos los recuerdos que construimos, estaba convencida de que la mayoría de las personas no experimentaba tanta dicha en sus vidas, aunque fueran mucho más largas de lo que sería la mía…. pero entonces empecé a preguntarme ¿Qué haría él con todo eso cuando yo no estuviera?
Una tarde estábamos tomando café en una terraza con una vista increíble del atardecer en la ciudad, cuando de pronto me dijo en varias oraciones que me amaba y el mundo me cayó encima.
No le gustaba, no estaba enamorado de mí, me amaba.
Incapaz de responderle, lo abracé fuerte y me puse llorar.
Por supuesto que yo también lo amaba, pero no podía decírselo, no tenía derecho.
Me di cuenta de que estaba haciendo algo muy cruel y no sabía si sería capaz de enmendarlo.
Al principio estaba tan loca por él y tan emocionada con la idea misma del amor que no me di cuenta del error que cometí al empezar una relación con alguien sabiendo que no podía garantizarle estar ahí el día siguiente ni pensé en las consecuencias que traería el acabar amándonos, pero ya era demasiado tarde, le había permitido soñar con un futuro que no sería posible, sin importar lo que hiciera después de eso, iba a terminar rompiéndole el corazón.
Después de un fin de semana en el que no hice más que llorar, decidí que el daño ya estaba hecho, sólo quedaba buscar la forma de minimizarlo.
Traté de consolarme diciéndome que éramos jóvenes y que, a diferencia de mí, él tenía toda una vida por delante y que, aunque me amara ahora, si yo no estaba (e incluso tal vez aunque estuviera) eventualmente conocería a alguién más y se enamoraría, así que sólo debía salir del panorama cuanto antes de la manera menos dramática posible.
Tal vez que tu novia muera inesperadamente pueda resultar un evento traumático, pero terminar con alguien era algo que sólo dolía un tiempo, por lo que todo el mundo ha tenido que pasar en algún momento, lo supera y sigue adelante.
Así que empecé a evitarlo de manera cada vez más evidente, hasta que después de terminar el último capítulo de la historieta lo terminé por Skype y le pedí que no volviera a contactarme.
Cuando me pidió un motivo, respondí que ya no me sentía como al principio y quería conocer a alguien más, lo cual obviamente resultó poco convincente y me rogó que nos viéramos en persona para hablarlo.
En un principio me negué a darle una oportunidad para aferrarse a mí, pero su insistencia terminó por ablandarme, después de todo ¿Qué daño podía podía hacer despedirnos? Ambos necesitábamos que esta historia terminara de la manera correcta, era lo menos que nos merecíamos...y también necesitaba disculparme por algunas estupideces que dije en un intento desesperado por apartarlo, o la culpa haría un infierno de cada uno de los días que me quedaran.
Al final acordamos vernos en este restaurante al mediodía.
Ayer no pude dormir, me pasé toda la noche pensando en cómo iba a convencerlo de que quería terminar cuando la separación me hacía infeliz de una manera tan evidente ¿Cómo iba a disimular lo demacrada que estaba y lo hinchados que estaban mis ojos de llorar?
Llegué con la cabeza hecha un lío y aún no tenía idea de qué le iba a decir, por no mencionar que me preocupaba mi propia reacción cuando lo tuviera frente a mí.
Moría de ganas de arrojarme a sus brazos y suplicarle que me abrazara muy fuerte y no me soltara nunca, quería quedarme en el lugar en el que me sentía segura incluso de mi futuro, pero él no podía protegerme de algo así ¿Verdad? Así que tendría que protegerlo yo, aunque eso significara soltarlo.
¿Qué iba a hacer si empezaba a llorar? ¿Realmente tendría el valor de darle la espalda después de que me pidiera que me quedara?... Definitivamente haber accedido a hacer esto cara a cara había sido una pésima idea ¿Cómo se me ocurrió algo así? pero ya era demasiado tarde para cancelar, ahora sólo quedaba esperar.
Y esperé varios minutos, era la primera vez que se retrasaba sin siquiera mandarme un mensaje.
Le escribí yo, pero ya era más de la una y no me respondía ni contestaba mis llamadas.
¿Me había dejado plantada? No tenía mucho sentido teniendo en cuenta que él había insistido para vernos ¿Cierto? Y en todo caso a estas alturas bien podía mandarme un mensaje diciendo que siempre no iba a aparecer.
¿Pero entonces qué había pasado? ¿Por qué ni siquiera me contestaba el teléfono?
Todas las posibilidades que me pasaron por la cabeza apenas me planteé la pregunta, hicieron que empezara a golpetear la mesa con las uñas de una mano, mientras usaba la otra para intentar llamarle de nuevo con una insistencia que rayaba en la histeria.
Deseé con todas mis fuerzas que tomara la llamada y poder escuchar su voz, aunque fuera para decirme que después de todo le daba igual si quería terminar y que pensándolo bien no le vendría nada mal salir con otras chicas, que seguro las había más guapas, listas e interesantes que yo.
Ya no resistí quedarme sentada en la silla, me levanté y empecé a caminar de un lado para otro a lo largo del pasillo, ignorando las miradas del resto de los comensales.
Pasó una hora más, pero, aunque al principio quería salir corriendo, estaba determinada a quedarme ahí hasta saber de él.
Llegados a ese punto creo que no sería exagerado decir que estaba loca de angustia, de hecho la expresión estaba bastante cerca de ser literal.
Perdí la noción del tiempo por completo, los segundos me parecían interminables y al mismo tiempo me parecía imposible creer que llevaba horas esperándolo.
Seguí marcando su número hasta que finalmente contestaron, pero no fue la voz que tanto necesitaba oír. Era la voz de una mujer, de su madre, al parecer.
Me enteré de por qué no había llegado y que de hecho no volveríamos a vernos nunca más.
Ni siquiera recuerdo haber colgado ni sé que hice con mi celular después de eso.
Me quedé petrificada y muda a pesar de que sentía la necesidad agobiante de gritar como si me hubieran arrancado los brazos y las piernas.
¿Qué había hecho? ¡Carajo! ¡¿Qué demonios había hecho?!
Siempre creí que sería yo quién se iría, nunca me pasó por la cabeza que iba a perderlo.
Qué porquería de situación es esta ¿No? No tiene ningún maldito sentido.
Me desperté sabiendo que después de hoy no volvería a ver al amor de mi vida, pero nunca imaginé que no podría ni siquiera despedirme y que sería él quien me dejaría.
Cada día que pasé lejos de él en mi estúpido intento de ahorrarle el sufrimiento que siento ahora duele de forma física, puedo sentirlos, cada uno de ellos clavado bien profundo en mi pecho, impidiéndome respirar, quemándome.
Debí haberle dicho que lo amaba esa tarde en la cafetería y cada vez que tuve la oportunidad de hacerlo, debía haberlo besado más, debí haber pasado más tiempo abrazandolo.
Debí haberle dado lo que le compré en su cumpleaños y haber ocupado esa fecha como pretexto para decirle lo agradecida que estaba con el universo por su existencia y con él por ser parte de mi vida en vez de inventar que me había surgido un imprevisto y no podríamos celebrar juntos.
¡Que idiota soy! ¿Cómo pude haber hecho algo así? Me había propuesto aprovechar al máximo hasta el último momento que tuviera en este mundo, y terminé escupiendo sobre el regalo más hermoso que la vida pudo darme.
Supongo que a esto se refería la profecía de mi abuelo ¿Quién iba a decir que el destino era semejante desgraciado?
¿Ves? Clarividente y todo no tenía manera de vaticinar que algo tan jodido iba a suceder y tampoco puedo ver qué voy a hacer para cargar con todo este dolor y este arrepentimiento, mi único consuelo es saber que no tendré que hacerlo por mucho tiempo.
Comentarios
Publicar un comentario